12/05/19 I ¿Reales o falsos?
Elecciones presidenciales 2019: desmitificar eslóganes de campaña


3- “Hay que pagar por la energía lo que vale, eliminando subsidios”. La discrepancia es, justamente, cuanto “vale”. Mientras en EEUU el precio del millón de BTU era u$s 3,10 (ene/2019), en Vaca Muerta se pagaba casi el doble, estableciendo además un precio promocional de u$s 7,50 con el agravante de que el incremento innecesario en la producción de gas en el verano se preveía exportarlo a Chile a u$s 4. Se pretende justificar transferencias injustificadas inéditas a los productores, recargando tarifas con precios que duplican lo razonable. Lo que nadie dice, por ignorancia o solapado interés, es que este tipo de explotación, shale gas, pierde notoriamente su eficiencia en dos o tres años, de modo que estas remuneraciones desproporcionadas no tendrán beneficios futuros en la producción.
4- “Los dólares de la próxima cosecha resolverán el problema”. No ocurrirá. Los exportadores no tienen obligación de ingresar las divisas en plazos limitados, por lo que lógicamente las liquidaciones se limitarán especulativamente al mínimo necesario para atender obligaciones financieras.
5- “Déficit cero” Es una ficción, porque tiene un correlato de déficit cuasi fiscal por el enormemente creciente endeudamiento en Leliq, a tasas insólitas. “El mercado” percibe esta situación como una inevitable futura emisión, desacreditando cualquier beneficio en atenuar la inflación.
6- “Íbamos camino a ser Venezuela”. Absurdo. El problema económico de Venezuela es que es un país monoexportador, que depende del petróleo. En 2012 el precio promedio del barril (159 litros) de petróleo fue u$s 109,45 (con record el 11/7/2008 de u$s 147,25), descendiendo vertiginosamente a u$s 26,5 en 2016. En 2012 el 96% de las exportaciones de Venezuela eran bienes y servicios petroleros. En 2017 el 80% de las exportaciones eran petróleo crudo y el 10% refinados de petróleo. Su crisis es consecuencia de esa dependencia y de ese deterioro de precios.
7- “Al igual que en una familia, si se gasta más de lo que ingresa, el Estado debe reducir sus gastos”. Uno de los mitos más perjudiciales, es asimilar una familia al Estado, porque es percibido como respaldado por cierta lógica. Cuando el Estado disminuye la obra pública, se reducen los ingresos de quienes dependen directa o indirectamente de esa actividad, provocando despidos y suspensiones. Los involucrados reducen su consumo, afectando a otros sectores. Cada uno de estos sectores, a su vez, quizás reduzca personal, que disminuirán sus compras, en un proceso vicioso que se realimenta. Entonces, lo que puede ser solución para una familia es sumamente perjudicial si se repite masivamente para una economía. La reducción del consumo afecta los ingresos impositivos del Estado incrementando el déficit, que no se soluciona sin crecimiento. Con información de Ámbito.com